CLASE 1

El Maestro Espiritual y el servicio devocional


Prosiguiendo con nuestro estudio e investigación referidos a la educación en la plataforma espiritual, el presente módulo nos invita a realizar un viaje al interior de nuestra propia conciencia y sus ilimitadas dimensiones. Aprenderemos que todo lo necesario para poder alcanzar la perfección del ser,  no va a depender de ninguna fuerza extraña o sobrenatural que provenga de afuera;  dentro de nosotros  se encuentra todo el potencial que requerimos para poder alcanzar el plano más elevado de la verdad y la felicidad. Comprenderemos también que ponerse en contacto con esa fuente natural de sabiduría constituye nuestro rol fundamental como seres humanos.
Lo primero que tenemos que entender es que al haber reconocido la necesidad de ser instruidos en un campo sobre el cual sabemos muy poco, requerimos de la guía y asesoramiento de un experto. Cuando alguien quiere aprender sobre arquitectura, música o pintura puede intentar hacerlo solo, sin embargo esta persona tiene mayores probabilidades de perfeccionar su arte si logra asociarse con un experto. De la misma forma aquella persona interesada en alcanzar la perfección del ser mediante la práctica espiritual, debe de acercarse a una persona experta en este terreno, quien lo guiará adecuadamente por el sendero de la autorrealización, revelando constantemente claves para lograr mayores progresos a través de sus instrucciones. Ésta persona es el Guru o Maestro Espiritual.
Los maestros espirituales han existido siempre a lo largo de la historia, el mas conocido sin duda alguna es el señor Jesucristo, cuyas enseñanzas forjaron en sus estudiantes un instantáneo apego por encontrar la verdad y por consiguiente un rechazo progresivo por todo aquello que dificulte esta búsqueda. Sin embargo hablar de Cristo es solo una parte de toda la historia de la liberación humana; los maestros espirituales han acompañado al mundo desde que éste existe, en cada una de sus etapas y en cada uno de sus contextos culturales. Un maestro espiritual es una personalidad emponderada por la divinidad para recordarle a la gente cual es su verdadera posición en el universo, revelando con ello su verdadero origen y destino.

Por ello no debemos caer en el error de pensar que únicamente existe un maestro o una tradición de búsqueda espiritual, pues ello equivaldría a pensar que Dios es exclusividad de un grupo determinado de personas, quedando todos los demás exentos de conocerlo y amarlo. La verdad es que Dios siendo plenamente conciente de todas nuestras limitaciones como seres humanos a manifestado su mensaje según los caracteres de todos los grupos sociales y culturales para poder ser comprendido universalmente y así llegar al corazón de todas las personas. Podemos concluir que si en la actualidad existen tantas religiones en el mundo, es porque el señor no desea que nadie se quede sin un mensaje de esperanza.


En este contexto un maestro espiritual es el representante de una tradición genuina de búsqueda de la verdad, y su misión es la de velar por que sus estudiantes no se desvíen del camino correcto; esto es posible porque el maestro espiritual se encuentra muy avanzado en el recorrido de dicho camino. Solo una persona que conoce las características y pormenores de una ciencia en particular puede instruir a otros con conocimiento de causa. El Bhagavad Gita (4.34), el mas importante tratado sobre espiritualidad legado por la tradición védica nos ilustra este concepto en el siguiente verso:


Un maestro espiritual es un representante de la verdad, esa verdad que nosotros deseamos perseguir con vehemencia pero sobre la cual no tenemos información muy precisa; por otra parte al haber descuidado por tanto tiempo nuestra formación espiritual, nos encontramos en una posición comparable a la de aquella persona cuyas extremidades se encuentran tullidas por haber permanecido inmovilizada por años. Naturalmente ésta persona necesitará ayuda para poder ponerse de pie y reincorporarse paulatinamente al andar; de la misma forma nuestra visión por el momento se encuentra demasiado influenciada por los diferentes fenómenos temporales de éste mundo, y ello nos ha mantenido distraídos del cultivo de nuestra realidad interna y un maestro espiritual es el único capaz de limpiar nuestra visión actualmente obnubilada por el materialismo y el escepticismo.
Uno debe de ser muy serio en su búsqueda de un guía genuino, ya que en la actualidad existen muchas personas autoproclamadas Gurus o maestros espirituales, dedicadas a engañar a las personas para obtener de ellas beneficios materiales o satisfacción temporal, tales personas presentan siempre los siguientes síntomas característicos:


-Dicen de sí mismos que son la divinidad o enviados de Dios.
-Dicen que su Dios es el único, y que su congregación o tradición es la única autorizada.
-Dicen que todos somos la divinidad y por ende no deberíamos tener ninguna clase de restricción en nuestras actividades.
-Sorprenden a las personas con alguna suerte de malabarismo místico o demostraciones de habilidades sobrenaturales (muchas de las cuales son falsas) para así decir de sí mismos que son personalidades extraordinarias.
-Solicitan grandes sumas de dinero para asegurarle a sus incautos seguidores la "salvación".
-Viven una vida cómoda y son indiferentes ante el sufrimiento de las personas.
-Tienen una conducta cuestionable y se ocultan para llevar a cabo una doble vida, arguyendo que tienen derecho a una vida privada, cuando un verdadero maestro espiritual NO TIENE UNA VIDA PRIVADA.


  
Por el contrario un maestro espiritual es alguien que vive rendido al propósito de aliviar el corazón de las personas; es un revolucionario pues lucha en contra de todo aquello que envuelve al hombre en la ilusión y el engaño, en la temporalidad y en los placeres efímeros que evitan que surja nuestra natural predisposición a la trascendencia y a la dedicación al bien común. 
Un maestro espiritual nunca dice de sí mismo que es un maestro, por el contrario, él en todo momento se siente un sirviente de todas las personas y en especial de su maestro espiritual. Es por ello que al buscar un maestro espiritual debemos tener la certeza de que éste se encuentre circunscrito a una línea de sucesión discipular autorizada, en cuyo transfondo permanezcan inalterados los ideales de amor universal y servicio desinteresado a la humanidad.


HUMILDAD


Cuando una persona reconoce a su maestro espiritual, lo hace a partir de visualizar en él la consumación de sus anhelos e ideales mas íntimos; el maestro espiritual llega a nuestras vidas para confirmarnos todo aquello que nuestro corazón intuía de antemano pero que nadie había sido capaz de mostrarnos de una manera tan dulce y al mismo tiempo tan llena de autoridad. Cuando nuestra propia sensatez nos conduce hacia una persona que nos anime a concretar nuestros ideales, y a la vez percibamos en él la capacidad de potenciar nuestras cualidades, debemos tener el valor de no traicionar el propio llamado del corazón y  ofrecerle la oportunidad de brindarnos el soporte educativo que necesitamos para alcanzar un resultado diferente a todo lo anteriormente conocido.



Debemos acercarnos al maestro espiritual recordando en todo momento que nuestros esfuerzos por tratar de alcanzar la verdad fueron insuficientes y por ello dependemos de sus instrucciones  para poder alcanzar el plano de entendimiento al cual aspiramos. El maestro espiritual tiene la habilidad de hacer brotar de nuestro corazón nuestros mayores tesoros; lo cual significa que él no nos proporcionará un conocimiento y una sabiduría ajena o invasiva, el maestro espiritual nos pone en contacto con nuestro propio maestro interno mostrándonos nuestra propia sabiduría intrínseca actualmente dormida.


SERVICIO


Debemos tener en cuenta que el conocimiento espiritual cumple una función diferente a la que le hemos atribuido a  otras formas de conocimiento adquirido.  En el mundo material podemos ver que el hombre ordinario es el sujeto y el conocimiento que adquiere es un objeto dado para su satisfacción. En la vida espiritual el conocimiento es el sujeto y el devoto o practicante es el objeto que se encuentra al servicio de dicho conocimiento. Un discípulo se compromete a aprender de su maestro los secretos de la ciencia espiritual, únicamente con el propósito de ayudar a las personas a acercarlas a su propio encuentro con la verdad, pues en cuanto uno se pone en contacto con la verdadera felicidad, automáticamente contrae una deuda con ella y la única manera de saldarla es compartiéndola.


SUMISION 

 

Al acercarnos a un maestro espiritual debemos tomar sus instrucciones sin suspicacias ni espíritu argumentativo; él ha venido a nuestras vidas para motivar nuestro avance y no lo contrario. Srila Sridhar Maharaj en su libro Armonía Absoluta, introduce el concepto de morir para vivir, lo cual ilustra la correcta actitud de un estudiante espiritual cuya visión borrosa debe de ser removida para dar paso a un panorama nuevo y certero. Morir para vivir significa que uno renuncia a los aspectos negativos arraigados a nuestra propia persona para apreciar el resurgimiento de una existencia renovada y plena; es un acto de honestidad y profunda lucidez, pues uno reconoce sus limitaciones para poder alcanzar un estado de conciencia superior.

 
Dentro de la tradición védica la iniciación o Diksa es el momento en el cual una persona toma formalmente refugio en un maestro espiritual, quien nos conecta a su propia familia devocional. Esta es una situación muy especial pues al aceptarnos en su propia familia, el maestro está abriéndonos las puertas a su propio universo de realizaciones personales impregnadas con la potencia amorosa de sus maestros y los maestros de sus maestros, brindándonos toda la protección y bendiciones que volverán mucho más auspicioso nuestro proceso espiritual.





Vaidhi Bhakti: Los principios regulativos del Yoga.

Lo primero que le prometemos al maestro espiritual es llevar a cabo el cumplimento de nuestro Vaidhi Bhakti o principios regulativos. Ellos son una serie de reglas de conducta que nos van a permitir acceder a una plataforma de vida civilizada. Srila Prabhupada solía decir que no puede existir vida espiritual si antes no hemos sido debidamente civilizados. Aunque parezca difícil de creer en la actualidad los seres humanos estamos tan inmersos en la gratificación indiscriminada de los sentidos que hemos sido afectados por diversos condicionamientos que nos incapacitan para percibir nuestra propia naturaleza espiritual. Esta condición es removida por medio del cumplimento de 4 principios básicos que a su vez nos proporcionarán el desarrollo de 4 cualidades indispensables para nuestro crecimiento interior.

 El cultivo de la compasión (Vegetarianismo)

Para poder elevarnos gradualmente a la plataforma de la vida espiritual es necesario que eliminemos de nuestra conciencia todo vestigio de violencia que pudiéramos haber contraído producto de nuestra mala interacción con el medio ambiente de forma directa o indirecta. Ser una persona violenta significa ser alguien que no comprende en lo absoluto la importancia del amor universal, el cual es el fundamento del orden y la armonía entre todos los seres, y por ende uno es descalificado para progresar en el sendero de la educación espiritual (revisar clase 2 Curso Pre Iniciación en los Mantras).

Ser vegetariano es la alternativa que naturalmente elige toda persona interesada en mejorar su relación con el planeta y con toda entidad viviente. Es también la expresión mas natural de civismo y respeto por la vida, ya que uno es plenamente consciente de que maltratar a otros, o permitir que otros sean maltratados, nos conduce a la adulteración de nuestra integridad psicológica, emocional y espiritual, y aquello evitará que podamos potenciar nuestro mas preciado valor interno que es la capacidad de dar y recibir afecto.
 Un estudiante de la verdad debe de rechazar formar parte de toda cadena de violencia; el efecto inmediato será el incremento de nuestra sensibilidad y sentido común, y el desarrollo progresivo de nuestra compasión. Sólo aquella persona en cuyo corazón albergue compasión por los que sufren estará capacitada para volverse un bienqueriente de todos y despertar amor por la vida y su creador. 

El cultivo de la Austeridad (No Intoxicación)

La búsqueda espiritual, es una búsqueda interior; todas las respuestas que ansiamos conocer se encuentran dentro de nosotros. Proporcionarse satisfacción temporal por medios artificiales equivale a creer que la felicidad depende de un agente externo, de algo que es ajeno a nosotros; lo cual a su vez equivale a pensar que somos unidades incompletas, que hemos sido concebidos sin la capacidad de hallar la plenitud del ser en nuestros corazones. Naturalmente, si consideramos que todo lo que Dios hace es perfecto no debemos subestimar el sentido de nuestra propia existencia.

Todo aquello que modifique o altere nuestro natural estado de conciencia actúa en perjuicio de nuestro propio desarrollo interior y por ello debemos evitar toda clase de intoxicación con drogas y estimulantes naturales o artificiales que entorpezcan la conexión con nuestro mundo interior conciente. Por otro lado el enajenamiento sensorial al que nos conducen los estados de intoxicación, nos sumergen en el aturdimiento y la autocomplacencia, haciendo que uno se vuelva completamente indiferente ante el sufrimiento y la ansiedad de las personas, incrementando nuestro egoísmo y nuestra incapacidad de volvernos útiles para los demás.

Por ello debemos evitar completamente la ingesta de toda clase de substancia que adultere nuestra visión de las cosas; entiéndase alcohol, toda clase de droga química o procesada en laboratorios, plantas alucinógenas, elementos orgánicos, etc. También se recomienda evitar la cafeína y la teína.

El Cultivo de la Limpieza (Celibato o vida sexual regulada) 

En la actualidad el común denominador de las personas utiliza la vida sexual únicamente con el propósito de proporcionarle gratificación a sus sentidos, ignorando profundamente su verdadera naturaleza. Un estudiante de la verdad es plenamente consciente de que la vida es un regalo divino y por ello aprende a valorarla y a cultivar una actitud de permanente gratitud por quien se la dio. Aquel criterio nos conduce naturalmente a la conclusión de que todo lo que existe en el universo, es también una expresión de la misma naturaleza divina; qué decir de la propia capacidad de concebir una vida por medio de aquel maravilloso instrumento llamado la vida sexual. Un hombre y una mujer civilizados reconocen este regalo como la gran oportunidad que la naturaleza les brinda para retribuirle a la vida todo lo maravilloso que ésta les a otorgado, por medio de la concepción de un hermoso niño, el cual es traído a este mundo a través de un acto lleno de respeto y dulzura y no de un momento de satisfacción egoísta y banal.
A partir de este análisis podemos reflexionar acerca de la visión tan arcaica y superficial que hoy en día el hombre moderno tiene con respecto a la sexualidad, con lo cual está promoviendo constantemente la destrucción de la familia y por ende de la misma sociedad.
La explotación sexual actúa en desmedro de nuestra propia integridad psicológica, ya que al someter a otros en busca de nuestra propia complacencia, destruimos nuestra capacidad de apreciar los valores internos de la gente; literalmente uno pervierte su visión trascendental y aprende a mirar a las personas como objetos dados para su propio disfrute.
Ciertamente éste fenómeno es la causa de la destrucción de la familia, pues al considerar a la esposa como un objeto dado para su satisfacción, el hombre naturalmente perderá el respeto y el afecto que sentía por ella; y al cabo de un tiempo sentirá la necesidad progresiva de explotar a otras mujeres, las cuales frustradas por sus constantes engaños, decidirán explotar a otros hombres generando una cadena de disfrute egoísta que termina con la concepción de hijos indeseados que crecen en familias disfuncionales y sin ningún tipo de orientación espiritual. 


Un estudiante de la verdad debe de renunciar a formar parte de aquel círculo vicioso de complacencia egoísta, para poder estar en condiciones de cultivar la cualidad de la limpieza interior; con lo cual uno evoluciona hacia un estado de conciencia superior en donde naturalmente se alcanzará a comprender aspectos muy sutiles, a los cuales normalmente no se tiene acceso debido a nuestra permanencia en el burdo plano de la explotación.


La tradición védica por ello recomienda al practicante de la vida espiritual practicar el celibato o la vida sexual regulada, es decir, la vida sexual dentro del matrimonio y en la medida de lo posible únicamente con fines reproductivos. Si seguimos esta recomendación con seriedad, nuestra vida espiritual ira manifestando cambios significativos en cuanto a nuestro concepto de dicha o felicidad; la vida espiritual revolucionará nuestra actualmente limitada concepción de alegría, cambiándola por una nueva dimensión de éxtasis que es ilimitado y progresivo.


El cultivo de la Veracidad (No a los juegos de azar).
Ser un estudiante de la verdad implica aprender a reconocer la autoridad de quien controla el universo. Poder percibir esta condición progresivamente asegurará nuestro éxito; pero ello únicamente es posible si desterramos de nuestra conciencia la idea de creer que no existe un efecto sin causa. El juego de azar así como casi toda forma de actividad especulativa, potencializará nuestra tendencia a considerar lo causal como casual; a mirar el mundo de forma superficial sin poder detectar  la energía divina en el transfondo de las cosas.

Es necesario que aprendamos a apreciar los fenómenos de éste mundo como una manifestación de la voluntad del creador, sin la cual ni siquiera una manzana podría caer de un árbol. Por ello se recomienda abstenerse de toda clase de juego de azar y cultivar así una visión profunda y trascendental que nos permita comprender y asimilar nuestra calidad de controlados por el señor del universo, quien es reconocido por todas las tradiciones místicas como el controlador supremo de las cosas, y poder así comprender que nada acontece en éste mundo sin que haya sido promovido por su voluntad divina.










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